Introducción

La dinastía Romanov ascendió al trono en 1613 con el monarca Miguel III, elegido por una asamblea nobiliaria siendo heredero de su tío Iván IV el Terrible, emparentado éste con la hija de Roman Yurev, noble lituano del cual la nueva casa real tomaría su nombre.

El Origen

Tras varios conflictos sucesorios que ensombrecieron a la familia real, no fue hasta el reinado de Pedro I El Grande (1682-1725) cuando el monarca adoptaría el nuevo título de Zar de todas las Rusias. Varias casas alternaron el reinado en Rusia hasta un nuevo retorno de los Romanov. Tras esta breve introducción, nos centraremos en el último de todos ellos, Nicolás II, quien gobernaría desde 1894 hasta su abdicación en 1917, being asesinado junto a su familia en 1918 por revolucionarios bolcheviques.

Pedro I el Grande

Entre dos Guerras

Rusia se había involucrado en el conflicto de la I Guerra Mundial donde perdió varios territorios a manos alemanas y sufriendo importantes bajas en su ejército además de una catástrofe en su entonces escasa armada naval.

Soldados rusos
  • El esfuerzo militar y económico creó una crisis que afectó severamente a la población rusa, lo cual provocó un creciente descontento social y el estallido de la Revolución rusa en marzo de 1917, lo que a su vez obligó al abandono del conflicto mundial para involucrarse en una dura guerra civil y la abdicación de Nicolás II.

Desterrados en Siberia

 

El nuevo régimen ruso liderado por Lenin tenía en sus manos el destino de la familia real y aquel invierno de 1917 fueron llevados a Siberia hasta que se decidiera cómo gestionar el futuro de todos sus miembros.

Yakov Yurovsky
La batalla civil entre los “rusos blancos”, partidarios de la monarquía y los “rusos rojos” que apoyaban al nuevo régimen bolchevique se iba recrudeciendo y fue en la primavera de 1918 cuando Nicolás II y su familia fueron trasladados hasta la ciudad de Ekaterimburgo vigilados por
Yakov Yurovsky, quien supuestamente acataba las órdenes del Kremlin liderado por Lenin .

El Magnicidio

Vladimir “Lenin” estaba en una situación incómoda con el zar y su familia en sus manos; había que garantizar el no retorno de la monarquía a Rusia y sólo cabía un camino para ello. De manera no oficial y mediante una llamada telefónica, Yarov Yurovsky recibió órdenes directas y organizó el magnicidio.

Vladimir Lenin
La esperanza de Nicolás II no era otra que la de que simpatizantes de la corona acudieran en su rescate. En la noche del 16 de julio, la familia se acuesta a las 22:00 horas hasta que, horas más tarde, a la 1:30 son despertados con el pretexto de su seguridad, dado que en las cercanías luchaban los dos bandos.
Conducidos hasta el sótano, la familia fue reunida e instada para posar ante un fotógrafo. En la escena aparecerían el matrimonio (su esposa Alejandra), acompañado de sus cuatro hijas: Olga, Tatiana, María y Anastasia, así como Alekséi Nikoláyevich, quien iba a ser el próximo zarévich de Rusia, enfermo de hemofilia.
El matrimonio fue sentado en sendas sillas mientras sus hijos eran alineados contra una pared. Doce hombres encapuchados aparecieron en el habitáculo y comenzaron a disparar sus pistolas; el zar fue el primero en caer, muriendo al instante
Acto seguido, la zarina y sus retoños fueron acribillados a balazos sin ningún control.
El niño fue herido en una pierna y rematado con dos tiros en la cabeza. Para sorpresa de los verdugos, las mujeres seguían vivas y el motivo no era otro que el de llevar escondidas en sus ropas íntimas joyas de un valor incalculable cosidas a sus ropajes. Fueron brutalmente rematadas incluso con bayonetas. En el sacrificio murieron también tres personas del servicio y el médico de la familia.

Los enterramientos

La declaración de Yurovsky sobre los asesinatos señalaba que los enterramientos de los cadáveres fueron algo complejos. La idea de camuflar la identidad de las víctimas les llevó a sepultar nine de ellas en una mina cercana a la localidad de Koptiaki, no sin antes rociar los cuerpos con ácido sulfúrico para imposibilitar su identificación. Por otra parte, los restos de Alexéi y María fueron sepultados en un bosque apartado. El Kremlin ocultó la muerte de estos dos últimos hasta 1926, probablemente para restar salvajismo a los crímenes.

El Mito de Anastasia y la Realidad

Como se explicó anteriormente, la separación de los cadáveres desconcertó a los investigadores hasta el punto de que cupiera la posibilidad de que Anastasia pudiera seguir con vida.

El Mito de Anastasia y la Realidad
Todo se inició tras el fallido intento de suicidio de una joven en un canal de Berlín. Llevada a un psiquiátrico, donde su enorme parecido con la princesa Anastasia no pasó desapercibido. Quizás aprovechando la oportunidad, la paciente aseguró ser Anastasia, quien había desaparecido con 17 años de edad.

Preguntada por la extraña circunstancia de su supervivencia tras la ejecución de la familia, Anna contó cómo uno de los integrantes del pelotón de ejecución, percatándose de que seguía con vida la había ocultado hasta facilitarle su llegada a Alemania.

Como si de una novela fantástica se tratase, diferentes miembros de la realeza europea fueron consultados sobre la veracidad de la identidad de la joven, habiendo disparidad de opiniones, lo que llevó a los investigadores a un callejón sin salida.

No obstante, la supuesta Anastasia seguiría afirmando su identidad y reclamando una fortuna valorada en cinco millones de libras esterlinas de la época que el zar había depositado a nombre de sus hijos en bancos extranjeros ante un posible exilio. Murió en 1984 sin que aún se pudiera demostrar feacientemente la autenticidad de los hechos.

Un secreto bien guardado

 

En 1979 el geólogo Alexander Avdonin tras diversas investigaciones realizadas gracias a unos documentos profundamente analizados, descubrió los restos de nueve de los ejecutados en la casa Ipátiev en Ekaterimburgo.

Con mucha precaución guardó silencio hasta 1991 tras la caída del gobierno soviético cuando la represión política había mermado.

Retomado el caso, muestras de ADN de parientes de Nicolás II (entre ellos el príncipe Felipe de Edimburgo) y las provenientes de las exhumaciones de algunos antepasados dieron la autenticidad de los restos del matrimonio y de tres de sus hijas (entre las que se encontraba Anastasia), que en 1998 fueron enterrados en el panteón familiar en la catedral de San Pedro y San Pablo de la ciudad de San Petersburgo aún con el desacuerdo de las autoridades eclesiásticas ortodoxas. Todo un desafío del entonces presidente ruso Boris Yeltsin quien quería dejar diezmada a las autoridades religiosas.

Llegaría el 2007 cuando fue descubierta la tumba donde se alojaban los restos de los dos niños Alexei y María, perfectamente identificados por el ADN y de la misma manera cuestionados por la iglesia ortodoxa rusa. Sus escasos restos siguen guardados sin llegar al panteón familiar de los Romanov

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